12 de octubre de 2009

Fútbol de barriocuentos de la pelota
No hace mucho tiempo atrás, en un lugar en este planeta donde las calles todavía eran de tierra, con escases de cordones y cemento, donde los adoquines jamás llegaron, donde  las zanjas la hacían más pesada e insufrible para las caídas y habilidosas medias de algodón puro, ahí entre esas calles se encontraban  las canchitas que los mayores llamaban baldío, donde las casas no abundaban y hasta se podía ver la calle de atrás donde pasaba un coche (todavía no había “autos”) levantando polvo, así era el ombligo del mundo para muchos chicos. Esos eran los lugares donde muchos pendejos, purretes, pibes, gringos y hasta algún botija pasaban las largas siestas, calurosas y húmedas en verano y en invierno las tardecitas frías y barrosas se transformaban cuando se juntaban los pibes que salían del colegio. Los de la mañana la disfrutábamos más y ¡pobrecitos! los vagos que salían a las 5, solo les quedaba la caída del sol. En esos momentos ya no hacia ni frio ni mojaduras, todo cambiaba mágicamente gracias a la pelota de cuero, que ya en su vejez de gajos alargados y gastados había quedado ovalada. Cuando empezaba el coca cola o el arco a arco, en el ombligo del mundo ya solo había lugar para risas y cargadas.
Gracias a ella conocías el barrio, tu lugar y el mío, al vecino amargo y muy turro el hijo de puta que te reventaba la pobre y única pelota que tenías para pasar la tardesimplemente porque de un tiro al arco la colgabas en el patio de su casa. La vieja solterona y su madre que solo tenían un perro negro y loco que solo se corría su cola como una calesita. Pero no solo ellos estaban, a 2 cuadras tenías a tus amigos y hermanos Juan y Chiro (Chirola) que los pasabas a buscar no por amigos o para jugar a la pelota sino porque enfrente vivía ella, la que no te dejaba dormir, la que en verano a la noche te hacia ir a lo de Juan, a escuchar en el Winco a Elvis, Creedence o cualquiera que te sirva como excusa, ella también era amiga de ellos y de su hermana mayor Mónica. Cualquier cosa para verla.  Pero para decir la verdad, lo único que te interesaba por esos tiempos de Juan y Chiro era cuando jugabas a la pelota, no te importaba ni ocho cuartos saber algo de ellos ni de su hermana en profundidad. Y un día, por esa cuadra la pelota se perdió y con ella, se perdió Betty. Y un día Betty conoció la vida y la noche; y la vida misma un día se la llevo en un coche.
Lo que quedo en otro lugar, por otra cuadra del barrio fue la pelota y detrás de ella otra historia… La de Alberto, la de Flavio y su papá Pocho, La de…
                                                                “El Chelo”

3 comentarios:

Diego dijo...

Muy bueno Da. Me hizo acordar algunas cosas de chico. Si me habran pinchado la pelota por que está pasó el alambrado y entro en su jardín. Si me habré cortado con los vidrios que había en la "canchita de Bartolo" a la vuelta de mi casa. Si habré jugado bajo la lluvia o con el pleno sol sobre la nuca. Todo por jugar a la pelota.

Dario dijo...

Diego, lo subí yo, pero la autoría es de "El Chelo"

Diego dijo...

Bueno, felicitaciones al Chelo, y muy bien Da, de tu parte por subirlo.