No los dejó ¡lo echaron! y por la puerta de atrás. Es lo mejor que hicieron. No se puede tener en un plantel a un jugador indisciplinado, anárquico que pensba que por portar apellido podría hacer lo que le viniera en ganas. Un mal ejemplo para sus compañeros. Si a un adicto como Ortega lo hubiesen internado en el momento que debían haberlo hecho, hoy seguramente estaría desplegando su fútbol. Pero priorizaron lo deportivo y econmómico a la salud de la persona. Nunca nadie le puso límites y a la vista están las consecuencias. Mientras tanto, jugando o no en River, el pibe va a seguir pgándos palos con su Audi a la salida de un boliche. Transformándose en una noticia policial más.
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No los dejó ¡lo echaron! y por la puerta de atrás.
Es lo mejor que hicieron. No se puede tener en un plantel a un jugador indisciplinado, anárquico que pensba que por portar apellido podría hacer lo que le viniera en ganas. Un mal ejemplo para sus compañeros.
Si a un adicto como Ortega lo hubiesen internado en el momento que debían haberlo hecho, hoy seguramente estaría desplegando su fútbol. Pero priorizaron lo deportivo y econmómico a la salud de la persona. Nunca nadie le puso límites y a la vista están las consecuencias.
Mientras tanto, jugando o no en River, el pibe va a seguir pgándos palos con su Audi a la salida de un boliche. Transformándose en una noticia policial más.
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