
CREER O REVENTAR
Minutos habían transcurrido desde las diecinueve, faltaban cinco horas para que finalizara otro lluvioso sábado. Sin embargo, en el mismo instante que sonaba la chicharra para que ingresáramos a jugar, un halo de luz solar en medio del grisáceo cielo asomaba subrepticiamente filtrándose entre los pinos plantados envolviendo con sus rayos a quienes estaban próximos a jugar. Un hecho premonitorio surgía sobre Maracanazinho.
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HELADOS
Fue todo de los Purres desde el mismo inicio del partido. Parecía que los dioses favorecerían a los de verde, cuando Gustavo conectó una pelota desviando su trayectoria marcando un autogol. Desde el mismo comienzo los jóvenes se soltaron, desplegaron su buen juego y contundencia en cada jugada. Lukitas con sus botines color chocolate blanco y Damián, el chef que elabora muy ricos helados, convertían cada situación propicia. Carlitos desde el fondo, se asemejaba al defensor de Colón, Ferrero Rocher. Mariano repartía cada balón eficientemente como un experto delivery y Pantera, vestido todo de negro, cuan bombón escocés, no pasaba sobre saltos en el arco. Era todo muy dulce para los Purres,
Los Vetes no encontraban un rendimiento óptimo y ni siquiera los cambios tácticos que iban instalando en pleno encuentro les daban resultado. Se vieron sobre pasados cual gelatería de la costa saturada por turistas en una jornada calurosa. Uno a uno llegaban los goles del equipo color yerba mate (sí, en El Bolsón hay una heladería llamada “Jauja” que vende ese gusto) hasta detener el score en siete. Todo les salía redondito, como una bochita de frutilla sobre otra de chocolate. Era una victoria para saborear, hasta que extrañamente disminuyeron su nivel, quizás empachados de tantos goles.
Como quien instala una heladería barrial, los Vetes empezaron de a poco, un cucurucho por aquí, otra tacita por allá, hasta achicar la diferencia a dos tantos. Lo que parecía impensado durante el transcurso del juego abría una nueva brecha de optimismo para los anaranjados, sin embargo llegó el octavo tanto verde que parecía sentenciar el juego. El gol cayó como un mazazo para los ánimos cuarentones, como si hubiesen tomado una casata vendida en el Sarmiento a las tres de la tarde de un día de Enero.
Pero no fue así, el espíritu naranja (extrañamente no hay un helado de ese color) se mantuvo en pie y siguió creyendo en el empate. Llegó el sexto cuando restaban minutos para el final. De allí en más el jugador símil al bombón escocés comenzó a hacer tiempo; el espigado arquero retenía la pelota, la llevaba a los costados, buscaba mediante tácticas bilardistas que los minutos pasen. Hasta que en un instante quiso salir jugando pero fue apretado por Juan, quien le quitó el balón con sus zapatillas color crema del cielo y dio el pase a Gustavo para que este empuje la redonda hacia el séptimo.
Todo lo construido por los jóvenes a lo largo de la hora se desmoronaba instantáneamente como un palito de agua en las manos de un niño. Era irremediable. Y llegó el empate, el conogol más esperado ¿de quién? ¿Darío, Juan, Tolo? ¡Qué importa! Llegó, como llega un kilito con tus gustos favoritos de helado un domingo de verano. La igualdad para los verdes fue como tomar un cuarto de kinotos al whisky con limón. Algo horrible. Que los dejó helados y les provocó desazón a sabiendas que todo lo que habían construido se les había derretido entre las manos.
Sonó el pitazo final, como sonaba en los atardeceres barriales aquel silbato del heladero que recorría en bicicleta cada cuadra y a quien tanto esperábamos para comprarnos un frigor. Fue júbilo vete porque se adueñaron de la temporada merced a que lograron remontar un partido impensado que quedará grabado en los cinco que jugaron ese día. Con su mística conquistaron la presea más esperada, que no es de color dorado sino naranja.
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VENCEDORES/VENCIDOS
Con el empate finalizó la serie, han quedado vencedores y vencidos pero solamente en los resultados.
Después hallamos solo similitudes: todos vivimos y sufrimos en algún momento del año lesiones, golpes, llantos, discusiones, broncas. Realizamos rabonas, golazos, pifiadas, atajadas, caños, pisadas, burradas, unos más, otros menos.
Con el transcurrir de la temporada se ha sumado gente nueva con la mejor onda, las puertas estuvieron abiertas para otros que jugaron un único partido (y las seguirán estando) otros tuvieron que dejar de venir por severas lesiones. Pero fue siempre dentro de un marco de fair play y respeto por el compañero y el adversario.
Cuan plantel profesional nos empilchamos diferenciándonos un equipo de otro. Hemos encontrado sentido de pertenencia según cada color.
Fuimos todos parte de la comisión reglamentaria creando nuevas reglas o sentenciando algunas preexistentes.
Sostuvimos nuestro horario pese a la ineptitud de quienes atienden (ese fue el mayor logro porque tuvimos que lidiar con una fuerza llamativamente fronteriza).
Y construimos este Blog, espacio donde quedó todo registrado para que tomemos conciencia de lo que hemos hecho deportivamente cada uno de nosotros a lo largo del año. ¿Quién de nosotros no lo ha mostrado a propios y extraños con orgullo? Este es nuestro lugar en el mundo virtual donde íntimamente nos sentimos jugadores de fútbol.
Si bien quedan dos fechas, sean bienvenidos en 2010, seguramente con más novedades, innovaciones, mayor colorido, quizás otros jugadores y varias cosas más para que entre todos sigamos construyendo esta historia de Vetes y Purretes. Felicitaciones a todos
3 comentarios:
como siempre exelente gus
Coincido completamente Gus.
Excelente analogías Gus, muy bueno como dice Marian.
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