28 de marzo de 2010

A llorar a la Iglesia


En el fútbol existe un secreto a voces: los partidos no solo se ganan en la cancha sino también en los escritorios. No triunfa solamente el equipo que hace las cosas mejor durante los noventa minutos sino también quien astutamente se mueve durante la semana a nivel dirigencial.
Estaba todo dispuesto para comenzar el cuarto partido entre Vetes y Purres. Del lado de Alem, como siempre, cinco vetes esperaban la llegada de Pichi o Luciano para comenzar a jugar y quedar en paridad numérica con los cuatro verdes que se encontraban en campo. Luciano no llegaría pero sí Pichi, por tanto se podía comenzar con los equipos parejos. Sin embargo, los de verde hicieron valer sus conocimientos aprendidos en los cursos que dan dirigentes de Velez para sacar ventajas (¿vale aclarar lo de Brazenas?). Hábil y raudamente llamaron al jugador número seis, tomaron la camiseta 9 de Damián y se la entregaron a Carlitos, quien instantes antes había preguntado si estábamos completos porque sino se iba. Los naranjas, con una ingenuidad pueril, observaban todo lo que ocurría abiertamente frente a sus ojos mientras se acomodaban tácticamente en la cancha.
La hora de juego transcurrió. Inobjetablemente y como era de preveer, ganaron los Purres por un aplastante 13 a 3 que no merece discusión alguna. Los seis verdes entraron en sintonía futbolera de la mano de Diego (10), con Carlitos incluido; hicieron rodar la pelota correctamente de un lado al otro, desgastaron a los cuarentones para llegar con claridad al arco de Ale y cuando no pudieron, Pante desde el arco resolvió los problemas. Por esto superaron claramente a la digna formación naranja que hizo las cosas prolijamente pero no lo suficiente como para llevar sobre saltos a los vencedores.
Contaba Carlos Bilardo que alguna vez su Estudiantes sesentista ganó una final, o una clasificación, pícaramente en un sorteo. Como antes en caso de empate no se definía por penales, la historia se decidía azarosamente: el árbitro arrojaba una moneda al aire para saber el vencedor. La anécdota narra que los jugadores platenses, cuando la moneda se elevaba, salieron festejando como si el azar los hubiese favorecido.Así obtuvieron el logro, “durmiendo” a los adversarios.
Un viejo refrán de más de cuarenta años dice: “a llorar a la iglesia”......

5 comentarios:

mariano dijo...

muy bueno gus pero la verdad no me di cuenta y otra cosa en la secundaria sirmpre me costo matematica ayer sabado se noto

Un cuarentón dijo...

"No me dí cuenta...", pero el poroto se lo anotan...llegado diciembre veremos si alguna de esta avivadas les da la diferencia

Diego dijo...

Parte del juego Da... digo "Cuarentón", la otra vez ustedes fueron seis mientras que nosotros eramos cinco, y ahora les tocó correr con desventaja a ustedes.

Otro cuarentón dijo...

Ah... pero que inocentes los purretes ! ... lo que se les olvidó decir es que Carlos juega siempre para los vetes, pero bien rápido le pusieron la verde...

Diego dijo...

Todos nos quejamos cuando el resultado ya está puesto. Un estigma típico de nuestras pampas.