Así, los cuatro mencionados más Carlitos, afrontaron el encuentro frente a seis vetes, quienes contaban con capacidad de dos cambios. Con semejante diferencia todo hacía prever que la tarde sería tranquila para los cuarentones. Sin embargo esas presunciones fueron erróneas. Los purres se plantaron mejor en campo, jugaron de igual a igual a un adversario que jamás interpretó el partido. Los jóvenes fueron ordenados, tuvieron buen toque y llegadas profundas; e inclusive durante varios lapsos tomaron protagonismo ante un equipo que fue renuente al juego y le costó codificar el modo de aprovechar la diferencia numérica.
Los naranjas con hacer circular el balón, hubiesen tomado posesión de la redonda y generado espacios que les permitiesen ubicarse en posiciones de gol (página 36 del libro de Patricio Hernández y 73 del escrito por el Flaco Menotti). Pero en muy escasos momentos esto ocurrió; para colmo, colectivamente estuvieron imprecisos y erráticos en los pases. Se generaron contratiempos sin sentido. Pese a tener todo a favor decidieron autoflagelarse: si inclusive hasta recibieron un extra con la salida de Carlitos en pleno partido (Luciano pasó a atajar para los purres).
Por el lado de los purres está claro que el sábado merecieron más, pero nuevamente, como semanas atrás, la incapacidad para juntar seis jugadores les volvió a jugar una mala pasada. Su problema no es futbolístico, sino administrativo. Deberán comprender que los partidos se juegan los sábados pero se programan durante la semana.
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