30 de agosto de 2011

2 a 1

Seguramente cuando cada uno llegó a su casa y respondió: “Ganamos /perdimos 2 a 1” a la pregunta “¿cómo salieron?”, el interrogador se habrá asombrado. Es que el resultado dista mucho de un partido de fútbol cinco. Con semejante marcador, quizá hasta de para animarse a participar en un ingreso al libro guines. Lo que sí está claro es que fue el resultado más cerrado desde que comenzamos a jugar.
El partido fue bien jugado durante los primeros veinte minutos. Ambos, de acuerdo a sus posibilidades, pusieron la pelota contra el sintético para hacer correrla con el objeto de provocar llegadas. Dentro de un marco de paridad, signado por el juego asociado, Luciano vete convirtió el primer gol y al tiempo, empató Damián.
El gol del pequeño goleador generó que Tolo saliera del arco y atajara Chelo. Con el cambio, los vetes perdieron salida desde el fondo además de la triangulación que practicaban el más vete, Carlitos (que esta vez fue naranja) y Maxi. Bajo esa circunstancia, los Vetes conformaron un bloque monolítico en el fondo para sostener de mitad de cancha hacia atrás el envión purre.
Tras el empate, los verdes siguieron haciendo correr el balón e intercambiando posiciones. Convencidos de que su insistente búsqueda ofensiva les daría ganancias, la calidad individual esta vez no pudo vulnerar la fortaleza adversaria. Fue entonces que procedieron a rematar desde afuera; Diego encabezó la lista con derecha e izquierda, Pachi, Lucho y Damián probaron reiteradamente, pero a sus tiros les faltó puntería y exactitud.

Como en esas películas medievales donde se quieren tomar castillos, los jóvenes atosigaban insistentemente a los veteranos, quienes no podían salir. Por tanto debieron recurrir al recurso añejo: Pelotazo del arquero hacia el otro área para que Cris aguante. Una y otra vez, Chelo se la tiraba al titán. Hasta que en una de tantas, el nueve se elevó un peldaño más que Mariano (quien atajaba), de espaldas al arco contrario cabeceó, la pelota respondió a ese movimiento del incansable gladiador y se introdujo suavemente en el arco. La sencilla fórmula volvía a dar dividendos.
Con la ventaja, el espíritu corporativo vete se encargó del resto. Los naranjas se aferraron a la diferencia, mientras que los verdes continuaron buscando denodadamente ese gol por el que tanto pugnaron. En los cinco finales Damián le sacó sobre la línea un gol a Maxi y Lucho remató apenas afuera, entrando por izquierda.
Fueron postales del final. Nada podría haber cambiado el resultado. Como aquel nucazo de Hugo Romeo Guerra a Ríver, este frentazo de espaldas de Cris será recordado como el gol salvador. Gol de la victoria. Gol responsable de despedazar merecimientos purres, quienes nunca arriaron sus banderas de juego pese al resultado desfavorable.

1 comentario:

Pablo dijo...

Excelente comentario, Gus. Con tu relato fue como haber estado ahí.