El país se paralizó para escuchar la epístola de Diego Armando. Como si fuese cadena nacional surgió el diez presentándose ante una embellecida puesta en escena, lanzando la primer balacera dialéctica hacia su ex técnico y el presidente de la AFA. Aplaudido por quienes estaban presentes en la conferencia y protegido por la guardia pretoriana que encabezaban Mancuso, Enrique y Ruggeri, el ex DT se dio media vuelta y partió puertas adentro, a la espera de las respuestas de sus apuntados.El primero en responder fue Don Julio, quien sin estridencias tal cual su personalidad, sostuvo que no le mintió a Diego. Y por la noche Carlos Salvador, prometiendo decir “todo, todoo…TODO” el lunes. Con su habitual dialéctica enmarañada, explicando de manera confusa y sin brújula, Bilardo dejó grageas como que Maradona fue Maradona gracias a él, que casi dio la vida por el diez y poniéndose la pilcha dirigencial, que Diego tanto detesta, haciendo de abogado defensor de Don Julio, manifestando que este jamás lo había echado.
Estos tres personajes tan importantes y poderosos en nuestro fútbol, que tanto dieron por la selección y clubes, que llevaron al engrandecimiento a la AFA, hoy se cruzan sin sentido contradiciendo justamente esa premisa futbolera tan varonil de hablar en los vestuarios, o entre cuatro paredes, sin decir nada hacia el mundo exterior y teniendo códigos.
El trío terminó de echar por la borda su ya desprestigiada y cuestionada imagen. Del mismo modo que los aduladores regimientos maradonianos, grondonistas y bilardistas. A este salpicón se le sumaron los gurkas de periodistas deportivos que cada palabra estaba relacionada de acuerdo al billete o a quien sea su “amigo” en este dislate.
Esta tríada de personalidades voló cada vez más bajo, como esos personajes mediáticos que se trasladan de un canal a otro llevando y trayendo palabras, desplantes y peleas sin sentido. Diciendo y desdiciéndose al mismo instante ante la mirada casi freudiana de los entrevistadores, como si esas palabras fueran trascendentes o provocadoras de un hecho histórico en la Nación.

Como ellos/as aparecieron a toda hora y en todos los medios de comunicación Diego Armando, Don Julio y Carlos Salvador. La historia pareciera no terminar así, por separado, cada uno promete más cañonazos verbales.
“Se le escapó la tortuga”, “Me cortaron las piernas”, “La pelota no se mancha” o “¿En qué lo traicione´?” debieran ser frases patentadas por sus autores para titular esta situación farandulezca con libreto escrito a medida que se produjeron los hechos. Mientras tanto el campeonato dará comienzo y esta película será prontamente olvidada, pese a tener una importante taquilla, entonces, como hace 31 años, otra vez en cartel volverá a leerse “Todo pasa”.
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