29 de agosto de 2010

El regreso de los rústicos

El viernes Gustavito con tono nasal, convaleciente, anunciaba por teléfono: “Mañana no voy a poder jugar, estoy enfermo”. Los vetes perdían su arma electrizante, esa que conjuga juego, velocidad y gol. Que tantos réditos les dio para acceder a una igualdad en la serie cuando parecía todo sentenciado.
Enterados de la noticia, los naranjas fueron en búsqueda de las herramientas que mejor manejan; pala, pico, hacha, hoz y todo tipo de elemento que sirviera para desbaratar la capacidad futbolística de los purres. Era, pues, el regreso de los rústicos.
Con semejante ventaja, claramente los veiteañeros se presentaban como favoritos en la contienda. Los cuatro fantásticos más Pante, Juan Manuel y Lucho parecían demasiado para esos cuarentones pataduras. Sin embargo acostumbrados a arremangarse, los naranjas plantearon un partido basado en el orden, solidez defensiva e intento de buen trato de balón (que casualmente fue naranja) en los momentos que el partido lo permitía. El trío Da, Gus y Aci se convirtió en el triángulo de las bermudas para los verdes. Allí desaparecieron sus intentos de ataque y cuando los jóvenes lograron sortear a ellos tres surgió al gran Ale, quien atajó varias pelotas de gol. A ellos se agregaron Carlitos y Cris, los dos no solamente fueron los abanderados del juego naranja, sino también de la solidaridad con sus compañeros en materia defensiva y de aguante de pelota ofensivamente. Cada uno de los seis cumplió su tarea con creces.
Los vetes se pusieron en ventaja, rápidamente empató Diego con un golazo y dos goles más naranjas establecieron el 3 a 1. Debido al extenso tiempo en el que se mantuvo ese score parecía que se jugaba un partido de fúbol once y no cinco. Los vetes, a la expectativa, supieron capitalizar varias desinteligencias defensivas verdes para elevar el marcador a una goleada de 6 a 1. A esa altura, sin poder quebrar la férrea defensa de los viejitos, ni poder llegar al arco adversario, los purres se desordenaron, perdieron todo atisbo de su juego y arrojaron la toalla. Ni siquiera las órdenes del séptimo jugador que veía el partido desde afuera tenían llegada a quienes jugaban. Su muy buena producción del pasado sábado parecía muy lejana. Fueron claros y oscuros de una semana a otra.
Merecida victoria vete, de perfil bajo, concentración y esfuerzo. Basada en la solidez defensiva, con la actitud de pelear cada pelota en beneficio de todos y sabiendo dar el zarpazo en el momento correspondiente. Con esas armas les bastó para volver a empatar la serie.

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