Durante mas de 20 años dos tipos tuvieron infinidad de historias transcurridas desde el preciso instante en que se conocieron cuando uno cayó en la casa de su futuro amigo y este haciendo eco de su amor incondicional hacia el dulce de leche apareció con sus labios manchados por el postre.
Pero eso fue apenas una pequeña anécdota que queda en el recordatorio de las reuniones de amigos, en la cual contar esa es una de las tantas historias de amistad. Durante esos inolvidables 20 años pasaron hechos normales que les suceden a todos los que tienen a la amistad por encima de todo y que creen que solo a ellos les pasa. Fracasos, satisfacciones, amores, tristezas, alegrías; todo eso plasmado en esos más 20 años.

Pero inevitablemente para dos tipos comunes del montón, también estaba el futbol, amado por sus más estrechos y fervientes corazones, uno hincha del gallo de Morón, el otro Pincharrata de alma. El primero jugaba por la banda izquierda y haciendo de su zurda una falta de respeto a todo aquel que manejara esa pierna, el segundo un patadura e incansable delantero que se rompió cada rincón de su escultura humana por la pelota, y porque no la del rival.
Era y es pasión, pasando los años llegò un periodo nefasto del país, con un gobierno que nos prometía la continuidad de la convertibilidad y el uno uno era más que una formalidad, era un medio de vida, aunque luego se transformo en el miedo a la vida. Saqueos, gente robando en las calles, un tipo diciendo que era presidente y se escapaba con un helicóptero desde la terraza de la casa rosada, y ya nada era igual.
Estos dos tipos que ya eran amigos entrañables, ya pasaban la barrera de los 30 y pico, y las responsabilidades se tornaban el constante paso del tiempo. El trabajo, esposa e hijos era menester y obligación de todos los días.Y el futbol seguía ahí, dicen que se juntaban todos los sábados en una cancha, la cual al revés de todo lo lógico pagaban por jugar y se sentían profesionales de los suyo, el correr detrás de la pelota.
Como siempre estaban esos nombres cambiados y apodos raros; la Morocha, el Da, el Gordini, el Tolo, Gusti, el Chelo, el Bocha, el Zoilo, el Iracundo e infinidad de apodos correspondientes a una característica física o personal del personaje en cY en medio de todo ese quilombo de país con presidentes que se cambiaban como esos tipos de camiseta al terminar cada partido, el caos era total y la gente empezó a perder no solo sus ahorros sino también su trabajo, y como no podía ser de otra manera algunos de estos pataduras del verde césped sintético también empezaron a sufrir esos fiascos.
Las embajadas se empezaron a llenar de gente pidiendo una visa para escaparse, algunos ya no sabían qué hacer y caían en ese final, el más feo que un ser humano pudiese sufrir el desarraigo, dejar de ver sus amigos, sus familiares y seres queridos. Las cosas simples y comunes de todos los días, el asado con amigos y las rondas interminables de mates a la tarde. Y tuvo que suceder el hincha del gallo se dio la vuelta por la embajada de España y pidió su salida del infierno Argentino, ya lo venia masticando y pensando hacía tiempo, su cansancio de dar pelea dijo basta.
El primero en recibir el mazazo de la partida fue el hincha Iracundo pincharrata “me voy a la mierda, es una cagada, pero no puedo seguir acá”. La cara del tipo era terrible no podía esgrimir gestos, decir palabras, ni llorar, la cabeza se le hizo blanca, su piel un estupor. Que iba a decir? Si el tipo la luchò hasta el final, si llego a vender helados en una esquina de once.
El pincharrata se encerró, miro por enésima vez la película “Cinema Paraiso”, recordando la partida de TOTO, por un amor no correspondido y su amigo de toda la vida Alfredo le pedía que no vuelva nunca más a ese pueblo de mierda. Después de la información de todos que se iba, “El Da” armo una especie de despedida en su casa y para colmo como siempre se armaba la contienda política, y todos se miraban, tenían hijos, algunos recién casados; pero todos con un despelote de trabajo o sin èl.
Pero como no podía ser de otra manera había que hacer un partido despedida de ese zurdo de modesta habilidad y grito profundo al perderse un gol. En el mismo lugar de siempre, la misma cancha que se alquilo en esos maravillosos años, donde los dueños tenían más cara de orto que Falcioni. La idea era generalizada la pelota siempre había que pasársela al zurdo que se nos iba a la madre patria como gesto de compañerismo a esos increíbles años.
Pero el Iracundo pincharrata quería despedirse de otra manera, no tuvo que pensar mucho tiempo para demostrar y hacer sentir su amistad de tantos años, busco una vieja remera blanca y un buen fibròn azul, con eso le basto para su fin.
Y llego el sábado de futbol tan esperado para algunos e inesperado para otros, de un lado los amigos de siempre, “Da”, “La Morocha”, “El Zoilo”, “El Iracundo pincharrata”, “El Tolo”, “El Hincha del Gallo”, y algún que otro colado de siempre. Arranco el partido y hacia un calor insoportable, pleno febrero con el verano pegando en la nuca y sin olvidar que se jugaba en horario poco lógico, alrededor de las 7 de la tarde. No era bueno el partido parecía que el hecho de querer despedir a sus amigos chocaba con tratar de hacer un buen juego.
El Iracundo no podía lograr que suceda ese preciso instante para poder despedir a su amigo de la mejor manera. Los pases imprecisos, pelotas mal jugadas, pocos goles, mucho roce de pierna (de mas esta decir que siempre sucedieron), hacían el mal desempeño de todos en general.
Pero algo debía suceder, un instante mínimo de inspiración del iracundo lo iba a invadir ya tenía que llegar, él miraba al cielo sin saber a quién, pidiendo que le dé una mano para lograrlo, pero no había manera todo el juego era así, un penoso partido.
Desde luego que se iba empatando, y encima llegaba el final y el cansancio corría por los músculos, pero el iracundo seguía buscando como lo hizo siempre, y en un momento algo raro sucedió el Da dio un pase perfecto desde su banda derecha de toda la vida al iracundo, este la recibió a media altura en mitad de la cancha y saltando haciendo una tijera en el aire la clavo en el ángulo, golazo y corrida se saco la camiseta y fue a abrazar a su amigo gritándole ¡es para vos!
El zurdo no entendía nada la leyenda “SOY HINCHA DE TU SUERTE“ lo bloqueò, el nudo en la garganta hizo añicos en la tráquea, y el llanto fue total y general, se unieron todos incluidos los adversarios, la gente que esperaba fuera del verde miraba sin entender nada, un montón de grandotes boludos llorando como chicos, y que bueno fue llorar aquella tarde.
Terminó el partido, y aun no se sabe porque juntos se fueron solos desde Castelar en el tren Sarmiento y al despedirse uno del otro el saludo de ambos fue ¡HASTA SIEMPRE!
Dicen que en el mundial 78 dos jugadores del equipo nacional se abrazaban al ganar la copa y un hombre sin brazos se arrodillo junto a ellos y a esa foto la bautizaron “el abrazo del alma”. Dicen también que hay un duende por el Maracanazinho, que tiene registradas imágenes de ese abrazo de despedida, solo que todavía no le puso nombre para ese abrazo, aun no le encuentra palabras.
DEDICADO PARA TODOS LOS QUE HACEN DE LA AMISTAD UN CULTO A LA VIDA, Y SÌ GALAND……… SIGUEN PASANDO LOS AÑOS Y SIGO SIENDO HINCHA DE TU SUERTE, Y SUERTE QUE VOLVISTE
CRIS CISLAGHI
3 comentarios:
Emocionante Cris...y sí, esa tarde fue la más triste, yo me acuerdo que le di un beso y me fuí con un nudo en la garganta sin saber que hacer
que historia la verdad que uno se queda sin palabras.
Ufff... qué grosso, Cris. Muchas gracias!! La camiseta me acompañó a España, fue como mi amuleto de la suerte. Y como la bandera, nunca la lavé. Aquella tarde fue muy emotiva y triste a la vez. Pero lo bueno que tuvo es que ahora disfruto mucho más volver a tener esos partidos de sábados que perdí durante un tiempo. Te mando un abrazo enorme amigo.
Gracias también a los que dejaron los comentarios. Me hicieron llorar, hdp!
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