
El sábado se sintieron campeones los verdes. Levantaron un partido que les fue esquivo durante casi todo el desarrollo. Parecía que se quedaban con las manos vacías… Parecía.
Los vetes jugaron un gran encuentro. Cris y Gustavito jugaron entre sí. Atrás hubo firmeza defensiva. Marcaron tendencia y una apreciable ventaja de 9 a 5. Definitiva.
Un gol convertido de espaldas y de taco por Da parecía sellar la suerte de los jóvenes. El tanto hacía prever que sería el mazazo definitivo para los vestidos de verde.

Sin embargo, inesperadamente, la historia dio un viraje que va a ser recordado por mucho tiempo por unos y otros.
Como gotas que van encontrando una rendija para filtrase fueron cayendo los goles purres. Sin reacción los vetes no podían entender ese abrupto cambio de timón en pleno encuentro.
La merma física en los naranjas fue muy bien aprovechada por los verdes, quienes en los minutos finales lograron el empate que ni el más optimista de los jóvenes podría haber pronosticado.

El 9 a 9 fue impactante para unos y otros. Paralizaron a los veteranos y envalentonaron a los jóvenes; si hasta se podrían haber llevado la victoria en los instantes finales pero no supieron liquidar una contra con superioridad numérica.
El empate se transformó en triunfo para unos y derrota para otros. El dulzor fue verde, la amargura, vete. Sinsabores característicos que siempre entrega el fútbol.
Un pasito hacia delante que den los purres se transformará en éxtasis. Solamente de ellos depende avanzar para toparse con el.
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