3 de noviembre de 2010

La última bola

Todo parecía indicar que el resultado se encaminaba hacia un empate. El tiempo expiraba, se desvanecían las esperanzas de triunfo vete al mismo tiempo que se multiplicaban las ínfulas purres, de cara a ese final de temporada cada vez más cercano.
Hacía largo tiempo que el reloj recorría los primeros minutos pasadas las veinte cuando, sobre el sector izquierdo, Gustavito metió un último pique en conjunto con una electrizante gambeta. El habilidoso atacante eludió camisetas verdes y, sin egoísmos, en el instante que Pante salió a achicarle, le cedió el balón al Chelo.
El vete más vete quedó solo, con el arco de frente, vacío, a su merced como una mujer enamorada. El barbado se acomodó para definir como si fuese Eduardo Santos (N.de la R: compañero de secundario de los Vetes que en sus 42 años jamás jugó al fútbol) y remató con una mezcla del suplemento ollas y sartenes junto con algunas páginas del de countrys. Obviamente que la pelota tomó destino del sector de estacionamiento, sin embargo la diosa fortuna se vistió de naranja, el recorrido del balón cambió al instante que chocaba con Carlitos, sí justamente él, el a veces vete a veces purre, colaboró involuntariamente con los cuarentones, la redonda golpeó su cuerpo y fue camino a la red para sellar el definitvo 6 a 5. No hubo tiempo para más. Los vetes encontraron el gol como esos apostadores desahuciados que juegan su última ficha a todo o nada. Y el azar esta vez les sonrió.
Atrás había quedado un partido donde transcurrió de todo un poco, como almacén pueblerino de ramos generales. Donde prevaleció la garra, el correr, meter y luchar que tanto se pregona hoy en día en nuestro fútbol.
Arrancaron ganando 2 a 0 los viejitos, mejor plantados que los jóvenes hicieron diferencia, el Tolo atrás y un mayor entendimiento entre los dos delanteros provocaba superioridad. Pero de a poco despertaron los purres, con Diego como abanderado del juego, los verdes obstinadamente fueron y fueron, empataron, volvieron a estar sucesivamente en desventaja, hasta que asomaron su cabeza y se encontraron con un 5 a 4, casi inesperado.
En el medio el clima se había tornado áspero, crispado y enardecido por foules, goles, penales no cobrados y diálogos cruzados que le hubiesen dado de comer a cualquier programa futbolero dominical.
Con el último aliento llegó el empate naranja, pero hubo un bonus más para los vetes que les sirvió para achicar la brecha en la franja estadística existente entre jóvenes y adultos mayores.
Faltan pocos kilómetros para la meta, nace Noviembre y se vienen encuentros decisivos. Los purres llegan con una apreciable ventaja, producto de una mayor regularidad anual. Los vetes aún confían, tienen fe y sueñan con seguir cantando en los vestuarios.

No hay comentarios: